budismo

Los beneficios que deberíamos buscar

Thursday, March 5th, 2009

Sabiduría

Así se titula este artículo que me llegó a través de un miembro de USGI hace unos días, es realmente interesante, por ello lo comparto aquí.

En la edición No. 1.528 del 23 de octubre de 1999 en el Brasil Seikyo, se publicó un artículo bajo el título de “El Cuento Diez”, es un cuento popular chino muy conocido, que comparto aquí con ustedes:

¿Puede ser la suerte, o puede ser el azar?

En la antigua China, un anciano sabio que vivía en las montañas, poseía muchos caballos. Cierto día, al regresar a su casa luego de un largo día de trabajo, descubrió que su yegua había huido. Su familia y los vecinos lo ayudaron a buscarla, sin embargo, al final desistieron. Ellos quedaron tristes por la infelicidad del anciano y le dijeron: “Sentimos mucho lo que le ha sucedido a usted”. Sin embargo, para sorpresa de todos, el anciano respondió: “La pérdida de mi yegua no necesariamente es algo malo. Si es suerte o azar, solamente el tiempo lo dirá”.

Al día siguiente, entrada ya la mañana, el anciano divisó en el horizonte dos caballos que venía galopando en dirección a su casa. Él reconoció su yegua que venía acompañada de un corcel de porte majestuoso. Luego de prender a los caballos, el anciano fue hasta la aldea para informarse si alguien había comunicado la pérdida de un caballo. Como nadie sabía de quién podría ser ese caballo, le aconsejaron que lo conservara con él, hasta que el dueño apareciera. Sus familiares y vecinos quedaron tan contentos con la suerte del anciano que hicieron una gran fiesta para celebrar el retorno de la yegua y la adquisición del corcel. Al pedirle al anciano que dijera unas palabras, él se levantó y dijo calmadamente: “La adquisición de ese caballo no es necesariamente algo bueno. Solamente el tiempo dirá si eso fue bueno o no”.

Una semana después, el hijo del anciano decidió montar al nuevo corcel, sin embargo como no tenía la habilidad suficiente para montar un caballo, acabó cayéndose y se quebró una pierna. La familia del anciano y sus vecinos se reunieron alrededor del joven y comentaron: “¡Esto es terrible!” “¡Ese caballo ha traído mucha desgracia a la familia!” Inclinándose sobre su hijo, el anciano dijo: “Este accidente no necesariamente es una desgracia. Solamente el tiempo dirá si eso fue bueno a malo”.

Algún tiempo después, el reino fue envuelto en una cruel e injusta guerra con el reino vecino y todos los jóvenes fueron convocados a la guerra.

Los vecinos del anciano lamentaron que sus hijos tuvieran que luchar en la guerra. Era imposible escapar al reclutamiento, pues el alistamiento se efectuaba ciudad por ciudad, de casa en casa, en busca de jóvenes en edad de servir en el ejército del reino. Finalmente, llegaron a la casa del anciano. Al ver al joven con la pierna quebrada, dijeron: “Este joven podría ser un buen soldado si no tuviera la pierna así. No podemos llevárnoslo con nosotros”. Y así el joven fue dispensado de luchar en dicha guerra.

Los vecinos, observando la escena, comprendieron cuán sabio era el anciano y aprendieron con él una gran lección. El anciano les enseñó que los acontecimientos que aparentemente son malos, negativos en un primer momento, en el futuro se pueden revelar como buenos y vice-versa. La suerte o el azar dependen de la postura de cada persona y de la connotación que ella le da a cada acontecimiento.

Sin duda alguna en el trascurso de nuestra práctica, hemos enfrentado situaciones negativas algunas, pero las positivas, los beneficios no han dejado de aparecer luego de una intensa lucha por transformar la adversidad. El Presidente Ikeda dijo cierta vez: “A veces, uno gana. A veces, pierde. Hay de todo en la vida… Pero si llegaran a verse en un traspié, no le den importancia, sonrían y digan: “¡En ciertos casos, se gana perdiendo!”, y sigan avanzando hacia delante con actitud alegre y brillante. No dejen que un fracaso les haga bajar los brazos o detenga su progreso. Sin embargo, recuerden que lo más importante es que triunfemos al final. Debemos hacer Daimoku al Gojonzon con todo el corazón y lograr la victoria suprema y final”.

Como practicantes del Budismo de Nichiren Daishonin, nuestra práctica debe ser siempre reflexiva. En la Nueva Revolución Humana, el presidente Ikeda escribió: “¿Para qué luchamos? Para ser felices. Para construir un yo inexpugnable que no pueda ser derrotado jamás. Para realizar nuestra revolución humana. También lo hacemos por la dicha de los demás, y por la paz y la prosperidad de la sociedad… Somos Bodisatvas de la Tierra que hemos surgido para propagar la Ley Mística y conducir a las personas de todas partes del mundo a la iluminación. Nuestra misión es la concreción de la dicha de toda la humanidad, es decir, el Kosen-rufu. Ya que hemos aceptado este desafío, debemos triunfar. Debemos luchar hasta el fin, decididos a salir airosos a toda costa.

“La clave para tener éxito en cualquier empresa es triunfar primero sobre uno mismo. La forma en que percibimos los obstáculos depende de nuestra condición de vida interior. Debemos vencer a la cobardía, la pereza y la tendencia a desistir. Cuando logremos superar nuestras limitaciones, avanzaremos a pasos agigantados y nuestro interior resplandecerá con la luz de la victoria”.

Daisaku Ikeda: diálogo sobre el Karma y qué sucede después de la Muerte – Parte 2

Sunday, October 26th, 2008

Segunda parte del artículo Daisaku Ikeda: diálogo sobre el Karma y qué sucede después de la Muerte

Daisaku Ikeda continuó:

- Pero, ¿es posible cambiar el Karma y concretar la felicidad? La respuesta es sí. Nichiren Daishonin reveló el medio por el cual nosotros podemos cambiarlo. Ese medio no es otro que invocar daimoku al Gohonzon y enseñar a los de más acerca de la Ley verdadera. Esta forma de existencia es el mayor bien posible y concuerda con la propia ley de la vida; es el único modo de lograr un estado de felicidad eterna y de alegría sostenida.

“Tal vez, algunos piensen: ‘Pero ¿acaso Tsunesaburo Makiguchi, nuestro primer presidente, no falleció en la cárcel? ¿No es esa una manera lastimosa de morir?. Sin embargo, lo más importante es la condición de vida en el momento de enfrentar la muerte. La pregunta es: cuando exhaló el último suspiro, ¿estaba agobiado por el sufrimiento, temblando de terror, o, a pesar del encierro, murió pacíficamente, con un sentimiento de profunda alegría? En una de las cartas que escribió en prisión, el señor Makiguchi expresió su inmensa dicha por haber vivido en total acuerdo con las escrituras budistas.

“Alguno de ustedes puede estar pensando que los miembros de la Soka Gakkai también mueren de enfermedades o en accidentes. Pero incluso con respecto a esto, el Budismo enseña, claramente, que quienes mantienen la fé hasta el último instante de su vida transforman los efectos negativos de las causas pasadas y logran disminuir la retribución “kármica” (en japonés, tenju kyoju). O sea, podemos cambiar por completo nuestro karma negativo del pasado –el karma cuya erradicación podría llevarnos muchos ciclos de nacimiento y muerte– y lograr la Budeidad en esta existencia. Una prueba de esto es el semblante en el momento de la muerte.

En el Gosho, el Daishonin describe los signos externos de una persona recién fallecida que ha logrado la Budeidad, y dice que el cuerpo estará suave, el rostro diáfano, etcétera. El presidente Toda también falleció con la expresión sonriente de quien ha logrado la Budeidad. Y yo he presenciado los últimos momentos de muchos miembros.

En verdad, somos budas tanto en la vida como en la muerte. Además, como prueba de ello, la familia y los seres queridos de los miembros que han fallecido serán felices, sin excepción. De modo que aunque encuentren obstáculos o persecuciones en el curso de la práctica –e incluso les parezca que la existencia es una sucesión interminable de dificultades–, jamás deben abandonar la fé. Los problemas ofrecen la oportunidad de transformar el karma.

Desde la perspectiva de la eternidad de la vida, nuestros sufrimientos en esta existencia sólo durarán un instante. Estamos esforzándonos para lograr una felicidad que perdure eternamente.

Nichiren Daishonin dijo: “Uno debería, ante todo, aprender acerca de la muerte; luego, aprender sobre otros asuntos“. Sin una comprensión correcta de la muerte, no podemos dirigir nuestro pensamiento a preguntas como “por qué” y “cómo mueren los seres humanos”. Ni responder, con certeza, el interrogante de “cómo debemos vivir”. Porque la vida y la muerte están inextricablemente unidas.

Por ejemplo, los japoneses muestran un creciente interés por los rituales funerarios. Sin embargo, muchos no han intentado indagar en la cuestión de la muerte en sí. La elusión de este tema es la causa fundamental de la ansiedad por obtener beneficios inmediatos en el orden personal, de la tendencia a la vanidad y a la búsqueda del placer.