daisaku ikeda

Los resultados son el reflejo de su fé en el Gohonzon

Friday, February 26th, 2010

Los resultados son el reflejo de su fé en el Gohonzon. Lo que usted está pensando enfrente al Gohonzon será su verdad. ¿Esta pensando en derrota o en victoria? ¿Esta usted intentando decirle al Gohonzon como resolver su problema o esta entregando lo que su corazón desea con confianza ilimitada?

El poder del Gohonzon esta mas allá de la comprensión de nuestra mente, por ello lo consideramos místico. Nuestro reto es soñar con resultados tan enormes como el poder del Gohonzon, que es ilimitado.

Con esta actituid de fé podrá extraer el infitnio poder de la alegría de la gratitud y la victoria. Si se encuentra estancado, ore por soltar las cadenas de la duda y del miedo que nublan su mente de fé . Ore por una confianza infinta y coraje para sobreponerse a su pasado y con alegría ingrese a su brillante futuro!

Daisaku Ikeda

Cuerpo y mente

Thursday, January 28th, 2010

Comparto una orientación de Sensei Daisaku Ikeda sobre la importancia de la unión de cuerpo y mente, y su repercusión en nuestra salud, espero les resulte tan intersante como a mi:

Cuerpo y mente
Por Daisaku Ikeda

Una vida constructiva y preocupada por los demás en la cual uno siempre es creativo, y avanza y abre a nuevos escenarios, es una vida verdaderamente sana.La buena salud es un deseo universal de los seres humanos. Aunque uno tenga mucha riqueza y poder, esto es algo que, sin buena salud, no se puede disfrutar. La salud es nuestra más preciada posesión.
Es algo que sé por experiencia. Desde temprana edad sufrí por causa de una salud débil y con el tiempo contraje tuberculosis. Mis condiciones empeoraron tanto que a veces parecía ser que con suerte, tal vez, llegaría a cumplir 30 años.
Mi familia no contaba con los recursos económicos para hacerme examinar adecuadamente con un médico, y como además había una terrible escasez de comida, no podía alimentarme bien. Todo lo que podía hacer era tratar de cuidar mi propia salud, sobre la base de lo que encontraba en una revista llamada Consejero de Salud.

El haberme enfrentado a la posibilidad de una muerte temprana me permitió percatarme de lo valioso que es cada momento de la vida. Fue así que me determiné a lograr todo cuanto pudiera mientras estuviera vivo sin perder un minuto y ha sido gracias a mi enfermedad que me he visto motivado a extraer de cada día de mi vida el valor de una semana o un mes.
Me siento feliz de poder decir que recientemente cumplí setenta años y que gozo de buena salud. Pero me siento agradecido que mi propia experiencia de salud me ha ayudado a comprender los sentimientos de quienes están enfermos.
Además del dolor físico, los sentimientos de una persona enferma son siempre vacilantes. Las cosas más pequeñas pueden afectarlas y sus pensamientos muestran la tendencia a ser pesimistas. Quienes están enfermos siempre tienen que luchar contra el tormento, preguntarse a sí mismos sobre su enfermedad y sobre cuándo se recuperarán.

Siento que quienes están al lado de un enfermo deberían cuidarse de no contestar todas las expresiones de angustia con un “no te preocupes” o “no sigas”. En vez de siempre tratar de levantarle los ánimos al enfermo, escuche con paciencia lo que esa persona le quiera decir. Reconózcale sus temores. El sólo saber que lo que uno siente es reconocido suele ser de gran alivio. Esto tal vez sea más fácil de comprender para quien ha sufrido una enfermedad.
Debido a que la enfermedad puede forzarnos a que nos hagamos un examen de nosotros mismos, de nuestra propia existencia y de nuestra propia vida, puede ser que, en realidad, la enfermedad sea una importante y valiosa fuente de motivación. En la medida en que nos esforzamos por vivir y recuperar la salud, nos ponemos a reflexionar sobre preguntas tan fundamentales como “¿Vivir para qué?” y “¿Tener salud con qué objeto?”
Según las palabras de un escritor suizo: “Así como un río que fluye agita la tierra y enriquece los campos, la enfermedad agita y enriquece el corazón de todas las personas. Aquél que verdaderamente comprende la enfermedad y sobrevive a ella, se vuelve más profundo, más fuerte y más grandioso y, además, capta ideas y creencias que antes le eran incomprensibles.

La lucha con la enfermedad nos hace comprender la vida humana con mayor profundidad y nos capacita para que desarrollemos verdadera fortaleza interior. En este sentido, la enfermedad no es algo de lo que haya que avergonzarse. Lo importante es no permitir que la enfermedad nos robe lo mejor de nosotros.
Tuve el privilegio de conocer a Norman Cousins quien escribió varios libros sobre la enfermedad y sobre cómo sobrepasarla. Cuando Cousins tenía 49 años cayó presa de la enfermedad del colágeno, posteriormente cuando tenía 65 años, padeció de una enfermedad cardíaca. A pesar de ello, logró sobrepasar ambas enfermedades y regresar del umbral de la muerte.

Cuando fue atacado por la enfermedad del colágeno, su médico le dijo que sólo tenía una entre quinientas posibilidades de recuperarse totalmente. La reacción del señor Cousins, según aparece en su obra Una anatomía de la enfermedad fue: “Me quedó muy claro que si yo iba a ser ese uno entre quinientos, lo mejor sería que me decidiera a no limitarme a ser un observador pasivo.”
Con la captación y cooperación de su médico, Cousins logró probar un extraordinario nuevo tratamiento. Como resultado, resultó ganador al vencer una enfermedad que, por lo general, es fatal. Aunque su médico cooperó con él y lo ayudó, fue la gran fuerza de su voluntad de vivir lo que en realidad produjo este “milagro”.

Otro punto que el señor Cousins destaca es que, a pesar del hecho de que nuestro cuerpo está dotado, de un modo natural, de fuertes poderes autocurativos, demasiados pacientes toman la decisión de que no está en sus manos curar su enfermedad.
A este respecto el señor Cousins escribe lo siguiente: “He aprendido a jamás subestimar la capacidad de la mente y el cuerpo humano para regenerarse, aun cuando las perspectivas luzcan desastrosas. La fuerza vital puede que sea la fuerza menos comprendida en el mundo.”
Así solía decir el señor Toda, mi maestro, el cuerpo humano es como una gigantesca industria farmacéutica, capaz de producir el medicamento requerido para combatir cualquier enfermedad. El señor Toda comprendió que la medicina moderna apenas está comenzando a hacer uso de los extraordinarios poderes curativos del cuerpo y la mente del ser humano.

Más que nada, creo que es la esperanza lo que libera estos poderes curativos. Esto es algo que cada persona puede hacer brotar desde adentro. Si las personas que están cerca de un paciente son optimistas de un modo natural y no forzado, esto puede también ayudar a guiarlo hacia la esperanza, hacia la vida y la recuperación. La influencia que ejercen unas personas sobre otras, toma formas imperceptibles y hay una especie de “fuerza gravitacional” en las emociones.
De igual modo, para que un tratamiento médico funcione debe haber una relación de confianza entre el paciente y su médico. Los seres humanos no somos máquinas y el tratamiento para una enfermedad no es equivalente a la reparación de una pieza de un equipo mecánico. Desde tiempos ancestrales el budismo ha enseñado que el cuerpo y la mente, y que el individuo y la sociedad están profundamente interconectados y, hoy en día, más y más personas se están dando cuenta que los aspectos psicológicos y sociológicos de la salud no pueden ser ignorados.

Creo que la sabiduría es un factor clave para mantener la salud y para prevenir las enfermedades antes de que ocurran. De igual modo, en mi opinión, si uno comienza a sentir que ayudar a los demás es una carga, tanto nuestra mente como nuestro cuerpo pueden estancarse y volverse vulnerables a la enfermedad.
Si yo tuviera que proponer cuatro principios básicos para la salud, éstos serían los siguientes: 1) Descansar y dormir lo suficiente; 2) Caminar regularmente; 3) Evitar el enfado y el mantenerse enfadado y 4) No comer demasiado. Aunque esto pueda parecer simplista, son aspectos muy básicos y muy importantes.

La salud es mucho más que, simplemente, no enfermarse. Es un estilo de vida pleno de sabiduría, balance y esperanza, una vital armonía de cuerpo y mente. Una vida constructiva y preocupada por los demás en la cual uno siempre es creativo, avanza y abre a nuevos escenarios, es una vida verdaderamente sana.

La verdadera Felicidad

Thursday, June 4th, 2009

La Felicidad

Desde que comencé a practicar budismo, comprendí que el objetivo fundamental de todo ser humano es ser feliz, pero como bien se comenta en el siguiente artículo, muchas veces es algo sumamente difícil de comprender, otras se suele confundir con alegría o un estado de éxtasis, pero la verdadera felicidad de un ser humano dista bastante de estas dos cosas. Aquí se detalla brevemente la postura de la SGI y el Budismo de Nichiren Daishonin sobre lo que es la felicidad.

¿Qué es la felicidad?
Por Daisaku Ikeda

Ustedes nunca encontrarán la felicidad si no retan sus debilidades y cambian desde adentro.

¿Cuál es el objetivo de la vida? Es llegar a ser feliz. Cualquiera que sea el país o la sociedad en la que vivan las personas, todas tienen el mismo profundo deseo: llegar a ser felices.

Sin embargo, existen pocos ideales tan difíciles de comprender como el de la felicidad. En nuestra vida diaria experimentamos constantemente la felicidad e infelicidad, pero seguimos ignorando lo que realmente es la felicidad.

Una joven amiga mía pasó una vez un largo tiempo tratando de determinar lo que era la felicidad, particularmente la felicidad para las mujeres. Cuando pensó por primera vez en la felicidad, la vio como llegar a tener seguridad financiera o casarse (la opinión de la sociedad japonesa en ese entonces era que la felicidad para una mujer sólo se podía encontrar en el matrimonio). Pero al ver a sus amigas casadas, se dio cuenta de que el matrimonio no garantizaba necesariamente la felicidad. Vio parejas que se habían amado apasionadamente, víctimas de desavenencias conyugales poco después de haberse casado. Vio mujeres que se habían casado con hombres ricos o que ocupaban un alto nivel social, pero que peleaban constantemente con sus maridos.

Gradualmente, se dio cuenta de que el secreto de la felicidad yacía en el desarrollo de un ser interno fuerte, que ninguna tribulación o penuria pudiera afectar. Vio que la felicidad para cualquiera, hombre o mujer, no proviene simplemente de tener una educación formal, la riqueza o el matrimonio. Empieza con la posesión de la fortaleza para enfrentar y conquistar nuestras propias debilidades. Sólo entonces se hace posible disfrutar de un matrimonio exitoso y vivir una vida verdaderamente feliz.

Finalmente, mi amiga me dijo: “Ahora puedo decir con confianza que la felicidad no se encuentra ni en el pasado ni en el futuro, sino que existe dentro de nuestra condición de vida ahora mismo, en el presente, mientras enfrentamos los retos de la vida diaria”.

Estoy totalmente de acuerdo. Ustedes mismos saben mejor que nadie si están sintiendo alegría o luchando contra el sufrimiento. Estas cosas no las saben los demás. Incluso un hombre con una gran riqueza, reconocimiento social y muchos honores puede, no obstante, estar sumido en la oscuridad producida por un indescriptible sufrimiento en las profundidades de su corazón. Por otra parte, una mujer entrada en años, que no ha sido favorecida con una situación económica holgada y vive una vida sencilla sola, puede sentir el sol de la alegría y felicidad saliendo en su corazón cada día.

La felicidad no es una vida sin problemas, sino la fortaleza para superar los problemas que se presenten. No existe tal cosa como una vida libre de problemas; las dificultades son inevitables. Pero la manera en la que experimentamos y reaccionamos a nuestros problemas depende de nosotros.

El budismo enseña que cada uno de nosotros es responsable de su propia felicidad o infelicidad. Nuestra vitalidad, la cantidad de energía o “fuerza vital” que tenemos, es el factor individual más importante para determinar si somos o no felices.

La verdadera felicidad ha de hallarse adentro, en la condición de nuestros corazones. No existe al otro lado de alguna distante montaña. Está dentro de ustedes, de ustedes mismos. Sin importar cuántas veces lo intenten, nunca podrán huir de ustedes mismos. Y si son débiles, el sufrimiento los perseguirá dondequiera que vayan. Nunca encontrarán la felicidad si no retan sus debilidades y cambian desde adentro. La felicidad ha de encontrarse en el dinamismo y la energía de nuestra propia vida, mientras luchan para superar un obstáculo tras otro. Por esto creo que una persona activa y valiente es verdaderamente feliz.

Los retos que enfrentamos en la vida se pueden comparar con una alta montaña, que se levanta ante un alpinista. Para alguien que no se ha entrenado apropiadamente, cuyos músculos y reflejos son débiles y lentos, cada pulgada de la escalada estará llena de terror y dolor. Sin embargo, la misma escalada será un viaje emocionante para alguien que esté preparado, cuyas piernas y brazos hayan sido fortalecidos por el constante entrenamiento. Con cada paso que dé hacia delante y hacia arriba, aparecerán bellos y nuevos paisajes.

Mi maestro solía hablar de dos tipos de felicidad, la felicidad “relativa” y la “absoluta”. La felicidad relativa es la felicidad que depende de las cosas que están fuera de ustedes mismos: los amigos y la familia, el ambiente, el tamaño de su casa o el ingreso familiar. Es esto lo que sentimos cuando se satisface un deseo o se logra algo que anhelábamos. Aunque la felicidad que nos traen tales cosas es ciertamente real, el hecho es que nada de esto dura para siempre. Las cosas cambian. Las personas cambian. Este tipo de felicidad se hace añicos fácilmente cuando las condiciones externas se alteran.

La felicidad relativa se basa también en la comparación con los demás. Puede que sintamos este tipo de felicidad por tener una casa más nueva o grande que la de los vecinos. ¡Pero este sentimiento se convertirá en desdicha tan pronto como ellos empiecen a hacer nuevas ampliaciones a la suya!

Por otra parte, la felicidad absoluta es algo que debemos encontrar adentro. Significa establecer una condición de vida en la que nunca seamos derrotados por las tribulaciones y en la que el sólo hecho de estar vivos es una fuente de gran alegría. Esta persiste sin importar lo que nos falte o suceda a nuestro alrededor. Una profunda sensación de alegría es algo que sólo puede existir en lo más profundo de nuestra vida y no puede ser destruida por ninguna fuerza externa. Es eterna e inagotable.

Este tipo de satisfacción ha de hallarse en el esfuerzo consistente y repetido, de manera que podamos decir: “Hoy, otra vez, hice todo lo posible. Hoy, otra vez, no tuve remordimientos. Hoy, otra vez, triunfé”. El resultado acumulado de dichos esfuerzos es una vida de gran victoria.

No debemos compararnos con los demás. Debemos comparar quiénes somos hoy con quiénes fuimos ayer, quiénes somos hoy con quiénes seremos mañana. Aunque esto parece ser sencillo y obvio, la verdadera felicidad se halla en una vida de constante avance. Y las mismas preocupaciones que podrían habernos hecho desdichados pueden, en realidad, ser una fuete de crecimiento cuando las abordamos con coraje y sabiduría.

Una amiga cuya dramática vida demostró esto era Natalia Satz, quien fundó el primer teatro para niños de Moscú. En los años treinta, ella y su marido fueron señalados por la policía secreta de la Unión Soviética. Aun cuando no eran culpables de crimen alguno, su marido fue arrestado y ejecutado y ella fue enviada a un campo de prisioneros en las heladas profundidades de Siberia. Después que se recuperó del impacto inicial, empezó a considerar su situación, no con desesperación sino buscando las oportunidades.

Se dio cuenta de que muchos de sus compañeros prisioneros tenían habilidades y talentos especiales. Empezó a organizar una “universidad”, incitando a los prisioneros a compartir sus conocimientos. “Usted, usted es un científico. Enséñenos ciencia. Usted es un artista. Háblenos del arte”. De esta manera, el aburrimiento y terror del campo de prisioneros fueron transformados en la alegría del aprendizaje y la enseñanza. Finalmente, ella incluso hizo uso de sus propios y únicos talentos para organizar un grupo teatral.

Sobrevivió los cinco años de la sentencia a prisión y dedicó el resto de su vida a crear un teatro para niños. Cuando nos encontramos por primera vez en Moscú en 1981, ya tenía más de ochenta años. Era tan radiante y animada como una joven muchacha. Su sonrisa era la sonrisa de alguien que había vencido las penurias de la vida.

El suyo es el tipo de espíritu que yo tenía en mente cuando escribí el siguiente poema sobre la “Felicidad”:

“Una persona con un corazón vasto es feliz.
Tal persona vive con un espíritu amplio y generoso.
Una persona con una voluntad fuerte es feliz.
Tal persona puede disfrutar con confianza de la vida,
sin ser derrotada jamás por el sufrimiento.
Una persona con un espíritu profundo es feliz.
Tal persona puede saborear las profundidades de la vida
mientras crea significado y valor
que durarán por siempre.
Una persona con una mente pura es feliz.
Tal persona está siempre rodeada
por las refrescantes brisas de la alegría.”

Después de 6 años, retomé las clases!

Friday, April 3rd, 2009

educacion

Parecía imposible que después de 6 años retome la vuelta a las clases de Liceo, si, hace 6 años no di los exámenes finales de 6to año derecho, estaba a tan sólo 4 exámenes de ser bachiller y terminar mis estudios secundarios, pero por muchas circunstancias no pude hacerlo en esa época.

Desde hace algún tiempo tenía la meta de terminar mis estudios secundarios, y este año dije “basta, ahora o nunca” y mediante una firme decisión manifesté que iba a terminarlos costara lo que costara.

Al principio no lo pensé, pero realmente insume un gran desafío después de trabajar 8 horas, estar 2 horas estudiando, 2 horas de clases diarias y además las responsabilidades del día a día externas a todo esto, duermo unas 6 horas por día, pero el regocijo que siento por dentro no tiene límites ni horario alguno, es infinitamente gratificante poder disfrutar de las clases otra vez, porque ahora las disfruto como nunca antes, con la cabeza de un adulto.

Para lograr una victoria creo que lo primero que tenemos que hacer es determinarnos a triunfar, a lograr sobrepasar cualquier obstáculo para poder llegar hasta eso que queremos. Y tanto fué así que por motivos laborales en un principio sólo me anoté para dos de las cuatro materias, pero mi poder de decisión fué más grande y debido a las causas generadas, a escasas 48 horas de empezar las clases me confirman que iba a tener un horario diferente de ahora en adelante, por lo cual me pude anotar al resto de las materias.

Suena simple y hasta lo mas normal para cualquier persona, pero tengo la firme convicción de que yo he logrado esos cambios a través de mi Daimoku con el objetivo de terminar mis estudios, de seguir avanzando.

Sin duda que la enseñanza que me ha transmitido la SGI y en especial Daisaku Ikeda, Josei Toda y Tsunesaburo Makiguchi, sobre la importancia de la educación en los jóvenes ha jugado un rol fundamental para que pudiera finalmente tomar real consciencia de que tengo que seguir estudiando y desafiándome, aunque también debo reconocer la gran influencia de las personas cercanas que también me instaban a terminar esto. Pero mis planes no sólo se limitan a la secundaria, igual.. a principios del año que viene de seguro escribiré sobre eso :D

Para finalizar, una inspiradora frase de Josei Toda

Mientras seas jóven, trabaja al máximo de tus posibilidades. Así debe afrontar la vida una persona jóven. Trabaja con empeño en todas las cosas que hagas y construye bases indestructibles

Los beneficios que deberíamos buscar

Thursday, March 5th, 2009

Sabiduría

Así se titula este artículo que me llegó a través de un miembro de USGI hace unos días, es realmente interesante, por ello lo comparto aquí.

En la edición No. 1.528 del 23 de octubre de 1999 en el Brasil Seikyo, se publicó un artículo bajo el título de “El Cuento Diez”, es un cuento popular chino muy conocido, que comparto aquí con ustedes:

¿Puede ser la suerte, o puede ser el azar?

En la antigua China, un anciano sabio que vivía en las montañas, poseía muchos caballos. Cierto día, al regresar a su casa luego de un largo día de trabajo, descubrió que su yegua había huido. Su familia y los vecinos lo ayudaron a buscarla, sin embargo, al final desistieron. Ellos quedaron tristes por la infelicidad del anciano y le dijeron: “Sentimos mucho lo que le ha sucedido a usted”. Sin embargo, para sorpresa de todos, el anciano respondió: “La pérdida de mi yegua no necesariamente es algo malo. Si es suerte o azar, solamente el tiempo lo dirá”.

Al día siguiente, entrada ya la mañana, el anciano divisó en el horizonte dos caballos que venía galopando en dirección a su casa. Él reconoció su yegua que venía acompañada de un corcel de porte majestuoso. Luego de prender a los caballos, el anciano fue hasta la aldea para informarse si alguien había comunicado la pérdida de un caballo. Como nadie sabía de quién podría ser ese caballo, le aconsejaron que lo conservara con él, hasta que el dueño apareciera. Sus familiares y vecinos quedaron tan contentos con la suerte del anciano que hicieron una gran fiesta para celebrar el retorno de la yegua y la adquisición del corcel. Al pedirle al anciano que dijera unas palabras, él se levantó y dijo calmadamente: “La adquisición de ese caballo no es necesariamente algo bueno. Solamente el tiempo dirá si eso fue bueno o no”.

Una semana después, el hijo del anciano decidió montar al nuevo corcel, sin embargo como no tenía la habilidad suficiente para montar un caballo, acabó cayéndose y se quebró una pierna. La familia del anciano y sus vecinos se reunieron alrededor del joven y comentaron: “¡Esto es terrible!” “¡Ese caballo ha traído mucha desgracia a la familia!” Inclinándose sobre su hijo, el anciano dijo: “Este accidente no necesariamente es una desgracia. Solamente el tiempo dirá si eso fue bueno a malo”.

Algún tiempo después, el reino fue envuelto en una cruel e injusta guerra con el reino vecino y todos los jóvenes fueron convocados a la guerra.

Los vecinos del anciano lamentaron que sus hijos tuvieran que luchar en la guerra. Era imposible escapar al reclutamiento, pues el alistamiento se efectuaba ciudad por ciudad, de casa en casa, en busca de jóvenes en edad de servir en el ejército del reino. Finalmente, llegaron a la casa del anciano. Al ver al joven con la pierna quebrada, dijeron: “Este joven podría ser un buen soldado si no tuviera la pierna así. No podemos llevárnoslo con nosotros”. Y así el joven fue dispensado de luchar en dicha guerra.

Los vecinos, observando la escena, comprendieron cuán sabio era el anciano y aprendieron con él una gran lección. El anciano les enseñó que los acontecimientos que aparentemente son malos, negativos en un primer momento, en el futuro se pueden revelar como buenos y vice-versa. La suerte o el azar dependen de la postura de cada persona y de la connotación que ella le da a cada acontecimiento.

Sin duda alguna en el trascurso de nuestra práctica, hemos enfrentado situaciones negativas algunas, pero las positivas, los beneficios no han dejado de aparecer luego de una intensa lucha por transformar la adversidad. El Presidente Ikeda dijo cierta vez: “A veces, uno gana. A veces, pierde. Hay de todo en la vida… Pero si llegaran a verse en un traspié, no le den importancia, sonrían y digan: “¡En ciertos casos, se gana perdiendo!”, y sigan avanzando hacia delante con actitud alegre y brillante. No dejen que un fracaso les haga bajar los brazos o detenga su progreso. Sin embargo, recuerden que lo más importante es que triunfemos al final. Debemos hacer Daimoku al Gojonzon con todo el corazón y lograr la victoria suprema y final”.

Como practicantes del Budismo de Nichiren Daishonin, nuestra práctica debe ser siempre reflexiva. En la Nueva Revolución Humana, el presidente Ikeda escribió: “¿Para qué luchamos? Para ser felices. Para construir un yo inexpugnable que no pueda ser derrotado jamás. Para realizar nuestra revolución humana. También lo hacemos por la dicha de los demás, y por la paz y la prosperidad de la sociedad… Somos Bodisatvas de la Tierra que hemos surgido para propagar la Ley Mística y conducir a las personas de todas partes del mundo a la iluminación. Nuestra misión es la concreción de la dicha de toda la humanidad, es decir, el Kosen-rufu. Ya que hemos aceptado este desafío, debemos triunfar. Debemos luchar hasta el fin, decididos a salir airosos a toda costa.

“La clave para tener éxito en cualquier empresa es triunfar primero sobre uno mismo. La forma en que percibimos los obstáculos depende de nuestra condición de vida interior. Debemos vencer a la cobardía, la pereza y la tendencia a desistir. Cuando logremos superar nuestras limitaciones, avanzaremos a pasos agigantados y nuestro interior resplandecerá con la luz de la victoria”.

Dormir poco, trabajar mucho, esfuerzos: ¿vale la pena?

Saturday, December 13th, 2008

Esfuerzo

Hace ya 2 años que dejé de trabajar 15-16 horas por día durante los tres meses de verano, esto sucedió durante las temporadas 2003/2004 hasta 2006/2007, hoy en día trabajo 8 horas casí todos los días y realmente no necesito trabajar tantas horas como antes. Pero estos días he dormido poco nuevamente, ya van dos días que duermo 3 horas nada más y esto me ha hecho recordar el cansancio extremo que sentía en esos años cuando recién me vine a vivir a Maldonado.

Ingresaba a las 06 AM a trabajar en el Hotel Conrad, por lo que me levantaba a las 05 AM para acondicionarme y llegar a tiempo, esa jornda como cadete de room service terminaba a las 14 horas, iba rápidamente hacia mi casa para comer algo super rápido y luego entrar a las 15 horas a trabajar en la empresa de Hosting, hasta las 22-23 horas, con mucha suerte algunos días lograba dormirme a las 00 hs, y completaba 5 horas de sueño por día.

Lo pude comprobar durante 4 años, el cuerpo responde medianamente bien durante los primeros 30-40 días durmiendo 5 o menos horas, luego el cansancio se nota y mucho, el cuerpo no responde como debe, te duermes en cualquier lado, anda sin ganas de nada, es realmente algo feo, a mi en particular me pasaba que iba al baño y me sentaba a realizar mis necesidades, pero a los minutos estaba totalmente dormido, sin darme cuenta!

Y sobre las actividades extra laborales, olvidate de tener vida fuera del trabajo, ni salidas, ni bailes, mucho menos actividad sexual, si gastas las pocas energías que te quedan en algo de eso definitivamente al otro día no te levantas!

El título de este post es Dormir poco, trabajar mucho, esfuerzos: ¿vale la pena? y realmente creo que si, que vale la pena, no sólo por el sentido de que obviamente se gana más dinero sino por todo lo que se aprende mediante ese sacrificio. ¿Por qué me esforcé de esa manera? Bueno…, creo que la respuesta es lógica, no tenía un $, estaba en una ciudad desconocida para mi y totalmente por mi cuenta. Se aprenden muchas cosas al trabajar tanto tiempo y dedicarse sólo a eso, pero quizás lo que más me llegó de realizar ese esfuerzo fue que la Ley de Causa y Efecto no falla… tal cual como lo expresa del Budismo de Nichiren Daishonin (aunque es un razonamiento lógico ya incorporado para muchas personas no budistas) crear causas (pasado o presente) en base al esfuerzo, dedicación y ganas de salir adelante constantemente sin dudas tienen su Efecto en el futuro, aveces demora un poco, meses, un par de años, alguna década tal vez, pero siempre llega.

Pero a medida que salimos de las situaciones extremas y mejora nuestro ambiente (en todo sentido, no sólo económico) uno tiende a quedarse, a dejarse llevar, a no tener las mismas ganas en las cosas que antes hacía con tanto empeño, la convicción en post del futuro con la que se hace cuando uno está en situaciones apremiantes. Ahí creo que está la clave del éxito en nuestras vidas y no sólo en las actividades laborales, sino en cualquier ámbito.

Finalmente, termino este post con una orientación de una de mis mayores fuentes de inspiración, Daisaku Ikeda:

Los jóvenes no deben buscar un camino fácil. Nadie se desarrolla en un ambiente protegido. Los jóvenes deben desafiarse y esforzarse, transformando en valor cada circunstancia, a la vez que se convierten en individuos de sobresaliente carácter y habilidad.

Daisaku Ikeda: diálogo sobre el Karma y qué sucede después de la Muerte – Parte 2

Sunday, October 26th, 2008

Segunda parte del artículo Daisaku Ikeda: diálogo sobre el Karma y qué sucede después de la Muerte

Daisaku Ikeda continuó:

- Pero, ¿es posible cambiar el Karma y concretar la felicidad? La respuesta es sí. Nichiren Daishonin reveló el medio por el cual nosotros podemos cambiarlo. Ese medio no es otro que invocar daimoku al Gohonzon y enseñar a los de más acerca de la Ley verdadera. Esta forma de existencia es el mayor bien posible y concuerda con la propia ley de la vida; es el único modo de lograr un estado de felicidad eterna y de alegría sostenida.

“Tal vez, algunos piensen: ‘Pero ¿acaso Tsunesaburo Makiguchi, nuestro primer presidente, no falleció en la cárcel? ¿No es esa una manera lastimosa de morir?. Sin embargo, lo más importante es la condición de vida en el momento de enfrentar la muerte. La pregunta es: cuando exhaló el último suspiro, ¿estaba agobiado por el sufrimiento, temblando de terror, o, a pesar del encierro, murió pacíficamente, con un sentimiento de profunda alegría? En una de las cartas que escribió en prisión, el señor Makiguchi expresió su inmensa dicha por haber vivido en total acuerdo con las escrituras budistas.

“Alguno de ustedes puede estar pensando que los miembros de la Soka Gakkai también mueren de enfermedades o en accidentes. Pero incluso con respecto a esto, el Budismo enseña, claramente, que quienes mantienen la fé hasta el último instante de su vida transforman los efectos negativos de las causas pasadas y logran disminuir la retribución “kármica” (en japonés, tenju kyoju). O sea, podemos cambiar por completo nuestro karma negativo del pasado –el karma cuya erradicación podría llevarnos muchos ciclos de nacimiento y muerte– y lograr la Budeidad en esta existencia. Una prueba de esto es el semblante en el momento de la muerte.

En el Gosho, el Daishonin describe los signos externos de una persona recién fallecida que ha logrado la Budeidad, y dice que el cuerpo estará suave, el rostro diáfano, etcétera. El presidente Toda también falleció con la expresión sonriente de quien ha logrado la Budeidad. Y yo he presenciado los últimos momentos de muchos miembros.

En verdad, somos budas tanto en la vida como en la muerte. Además, como prueba de ello, la familia y los seres queridos de los miembros que han fallecido serán felices, sin excepción. De modo que aunque encuentren obstáculos o persecuciones en el curso de la práctica –e incluso les parezca que la existencia es una sucesión interminable de dificultades–, jamás deben abandonar la fé. Los problemas ofrecen la oportunidad de transformar el karma.

Desde la perspectiva de la eternidad de la vida, nuestros sufrimientos en esta existencia sólo durarán un instante. Estamos esforzándonos para lograr una felicidad que perdure eternamente.

Nichiren Daishonin dijo: “Uno debería, ante todo, aprender acerca de la muerte; luego, aprender sobre otros asuntos“. Sin una comprensión correcta de la muerte, no podemos dirigir nuestro pensamiento a preguntas como “por qué” y “cómo mueren los seres humanos”. Ni responder, con certeza, el interrogante de “cómo debemos vivir”. Porque la vida y la muerte están inextricablemente unidas.

Por ejemplo, los japoneses muestran un creciente interés por los rituales funerarios. Sin embargo, muchos no han intentado indagar en la cuestión de la muerte en sí. La elusión de este tema es la causa fundamental de la ansiedad por obtener beneficios inmediatos en el orden personal, de la tendencia a la vanidad y a la búsqueda del placer.